05 junio 2005

Vera ofreció a ETA negociar si le ayudaba a seguir en el poder

ESPAÑA
Lunes, 19 de mayo de 1997
EL MUNDO periodico

Vera ofreció a ETA negociar si le ayudaba a seguir en el poder

Pidió a la organización terrorista que hiciera pública una tregua antes de la fecha prevista para su destitución

MELCHOR MIRALLES

BILBAO.- El mensaje era rotundo y claro como el agua: «Yo soy la garantía. Si salgo del Ministerio, olvidaos de negociación durante años. Si antes del 30 de enero ETA hace pública una tregua, se abre un proceso como el de Argel. Pero eso sólo será posible si yo sigo donde estoy». Remitente: Rafael Vera. Destinatarios la dirección de la organización terrorista ETA. Intermediarios: los colectivos Elkarri y Gernika Gogoratuz.

Rafael Vera agotaba sus últimos cartuchos para permanecer en Interior. Y en su estrategia contaba con el apoyo de José María Benegas, número tres del PSOE. Vera y Benegas, decían contar con el aval de González. Otra cosa es que éste tuviera intención de repetir Argel: ETA albergaba serias dudas.

EL MUNDO ha reconstruido los pasos de Vera en Interior desde que el jueves 25 de noviembre de 1993, tras la toma de posesión de Antoni Asunción como ministro, él y Luis Roldán anunciaran su intención de abandonar el departamento «en el plazo de tiempo más breve posible».

Vera argumentó que se sentía, después de tantos años, como «parte del mobiliario de la casa». Roldán le veía ya las orejas al lobo del escándalo que terminó por llevarle a la cárcel.

ALMUERZO EN «CURRITO»

Tras la rueda de prensa, todos los presentes se fueron a almorzar al restaurante Currito, en la Casa de Campo de Madrid. Pagaba Corcuera. Sólo Roldán estuvo ausente. Corcuera, solemne y mirando a Asunción, le formuló un anuncio que asombró al recién estrenado ministro: «En unos meses, el asunto ETA se termina. Tenemos en marcha una operación que resuelve el problema».

Asunción tardó unos días en hacerse cargo de lo que fraguaban quienes hasta esa misma mañana hicieron y deshicieron en Interior. Dedujo que Vera no había sido sincero y concluyó que estaba en marcha un plan para convertirlo en imprescindible.

Vera se entrevistó al día siguiente, viernes 26, con Benegas. Convinieron que era imprescindible acelerar el paso. El mismo viernes, a través de un periodista vasco, hicieron llegar a Jonan Fernández, figura visible de Elkarri, recién llegado de una visita a Antxon Etxebeste en Santo Domingo, el mensaje de que era necesario moverse con celeridad.

El sábado 27 quien recibió el recado fue Juan Gutiérrez, máximo responsable de Gernika Gogoratuz, que llevaba un año como mediador por sugerencia de Vera.

ETA PIDE UNA REUNION

Las prisas surtieron efecto. El martes 30, los responsables de Herri Batasuna Karmelo Landa y José Luis Elkoro y el dirigente del sindicato abertzale LAB Rafael Díaz Usabiaga, «el trío negociador», remitieron una carta a Vera: «Ante la confusión existente por las diferentes propuestas y reflexiones que, desde diversas fuentes promotoras y mediadoras, se vienen canalizando en el objetivo de desbloquear el actual estado de confrontación y abrir un marco de diálogo y negociación, los abajo firmantes (intermediarios en el diálogo ETA-Estado) plantean la necesidad de una reunión urgente con los promotores directos de las citadas propuestas y/o reflexiones con el fin UNICO de situar el estado de la cuestión, es decir, en qué coordenadas se está por parte del Gobierno del Estado para modificar el estado actual de confrontación violenta».

Esta carta le fue entregada a Vera por Juan Gutiérrez, de Gernika Gogoratuz. El todavía secretario de Estado para la Seguridad informó inmediatamente a Benegas. Vera le entregó a Asunción la carta del «trío negociador» el lunes 6 de diciembre por la mañana, y le anunció su intención de acudir a la reunión, que tenía proyectado celebrar en un hotel de Madrid a las siete de la tarde del jueves 9, en compañía de Benegas. Asunción guardó la carta en la caja fuerte de su despacho y le comunicó a Vera, con un gesto de evidente malestar, que en 24 horas le diría si esa reunión debía celebrarse. Vera se despidió de su jefe diciendo: «Habrá reunión».

ASUNCION SE OPONE

Asunción visitó esa misma tarde a González en La Moncloa y le comunicó su firme oposición a la estrategia que tenían entre manos Vera y Benegas. Del despacho de Presidencia del Gobierno salió Asunción con el apoyo explícito del presidente a su negativa.

Pero González, de modo incomprensible para todos, le hizo saber a Vera que, si era capaz de conseguir una tregua de ETA, podría haber negociación. Un doble juego peligroso que Vera entendió como su última tabla de salvación para permanecer en Interior.

El martes Vera no habló con su ministro, pese a que le había anunciado una respuesta en 24 horas. Fue el miércoles cuando Asunción convocó a su despacho a Vera y a José María Benegas y les anunció la «prohibición expresa» de acudir a la cita.

El secretario de Estado y el líder del PSOE acataron a regañadientes la orden, pero tardaron minutos en informar a los tres interlocutores de ETA, a Elkarri y a Gernika Gogoratuz de que en breve plazo esa reunión sería posible.

DICIEMBRE INFERNAL

La situación que vivía Interior llevó al etarra José Luis Arrieta Zubimendi, Azkoiti, uno de los hombres clave en la estrategia que fraguaba Vera, a la clandestinidad.

El mes de diciembre de 1993 fue infernal en Interior. El ministro no se hablaba con el secretario de Estado. Incluso, conocedor de su intención de seguir adelante en su búsqueda de la negociación, trataba de controlar sus pasos. Pero Vera era zorro viejo. Tenía clara su estrategia y deseaba a toda costa seguir en su puesto y, saltándose a la torera al ministro, presentarse ante González como el hombre que logró arrancarle a ETA la paz.

Los mensajes entre Vera y sus intermediarios con los interlocutores de ETA no cesaron. La comunicación con Benegas era diaria. Vera hacía llegar a Elkarri y Gernika Gogoratuz reiterados mensajes en los que insistía en que había que evitar su destitución. «Nos pedía que le echáramos una mano», explicaron ayer cuatro de las personas que intervinieron en esas conversaciones.

INTENTOS DESESPERADOS

Asunción decidió adelantarse y el 4 de enero, ya de 1994, anunció públicamente que Vera dejaría Interior antes de que finalizara el mes. González le había pedido una salida airosa para Vera y él consideró que de ese modo seguía las instrucciones del presidente y, a la vez, reducía el margen de maniobra del secretario de Estado. A esas alturas, la convivencia en Interior era imposible.

Incluso, Asunción sondeó con el ministro de Exteriores, Javier Solana, la posibilidad de ofrecerle a Vera una buena embajada, una salida digna que reclamaba González. Solana respondió que Buenos Aires o Lisboa.

A Vera no le afectaron las palabras de Asunción. El seguía con su plan. Cuando se le ofrecieron esa embajadas se limitó a rechazarlas. Su única decisión era acelerar su plan respecto a ETA. El ministro había cerrado el plazo. El 31 de enero sería ya tarde.

A ESPALDAS DE GONZALEZ

El 8 de enero, en secreto, sin que ni Felipe González ni Antoni Asunción estuvieran al tanto de uno sólo de sus pasos, Vera y Benegas acudieron a un caserío de Estella (Navarra), al que llegaron con dificultades debido a la nieve. Allí les esperaban, en representación de ETA, José Luis Elkoro y Rafael Díaz Usabiaga. Benegas hablaba poco. Vera llevaba la voz. No tenían un plan detallado. Su mensaje parecía desesperado. Les decía: «La garantía es mi presencia. Queremos una tregua, a ser posible de seis meses, aunque sería negociable su duración. Si hay tregua antes del 30 de enero, se abre un proceso como el de Argel. El presidente está informado y da el visto bueno».

Además, ofreció como posibilidad un gesto del Gobierno, acercando a un centenar de presos a cárceles del País Vasco. Y planteó la necesidad de que en algún momento del proceso se constituyera un grupo secreto en el que debería haber alguien de HB.

Asunción se enteró de la reunión al día siguiente. Optó por el silencio. Tenía muy claro que Vera no iba a dar marcha atrás: «Se acaba el tiempo. O antes del 30 hay una tregua o tardaréis años en volver a hablar de negociación» decía el secretario de Interior a Elkarri y Gernika Gogoratuz por varios caminos, alguno de ellos insospechado. Era tanta la insistencia que los receptores de los mensajes lo entendían como un SOS personal. Y comenzaron a recelar.

Vera ya no estaba, de hecho, en Interior. Aunque siguió moviendo los hilos de muchos despachos, desde el 9 de enero el ministro le había dado por cesado. La actividad de Vera era meramente conspirativa.

Antoni Asunción se enteró el 23 de enero de que Vera y Benegas habían organizado una segunda reunión con el «trío negociador» para el día 29. Y esta vez cogió el toro por los cuernos. El 24 llamó a Vera y le prohibió terminantemente asistir a la cita. «No tienes autorización mía. Tampoco tienes autoridad para hablar en nombre del Ministerio o el Gobierno».

EL FIN DE VERA

Vera habló con González el mismo día 24. Se reunió con Benegas. Se le acababa el tiempo. Las maniobras de última hora le permitieron albergar una última esperanza. González y otros dirigentes del PSOE estimaron que Benegas debía acudir a la cita, pero Vera no. Asunción había advertido muy seriamente a González de que si Vera estaba presente en esa reunión, él presentaba la dimisión.

Benegas acudió el 29 al mismo caserío navarro, y se encontró de nuevo con Elkoro y Díaz Usabiaga. Landa también faltó a la cita. El «trío negociador» (dúo esta vez) ofreció en nombre de ETA un cese temporal de la actividad terrorista, aunque sin hacerlo público, y a cambio reclamó iniciar inmediatamente las negociaciones estableciendo una primera reunión a la que debía asistir Antxon Etxebeste, que permanecía en la República Dominicana.

Ahí terminó todo. Esa vía de diálogo se mantuvo viva sólo unas semanas más. En febrero, Asunción, con el visto bueno de González, confirmó el cambio de rumbo en la política de Interior respecto a ETA al anunciar que iba a pedir la entrega de los etarras que residían en Dominicana.

Vera abandonó Interior y comenzó su calvario judicial.

http://www.elmundo.es/1997/05/19/espana/19N0022.html


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